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Durante años se habló de la manosfera, ese conjunto de comunidades digitales donde algunos hombres promueven ideas tradicionales sobre las relaciones de pareja y los roles de género. Sin embargo, en los últimos años ha cobrado fuerza otro fenómeno que, aunque nace desde una perspectiva distinta, comparte varios elementos con esa lógica: la llamada femosfera.
En plataformas como TikTok, YouTube y Reddit circulan miles de contenidos sobre “energía femenina”, estrategias para conseguir pareja y consejos para convertirse en una mujer de “alto valor”. El mensaje suele repetirse: él debe tomar la iniciativa, organizar la cita, demostrar interés y pagar la cuenta; ella, mientras tanto, cuida su imagen, mantiene cierta distancia emocional y espera señales claras de compromiso antes de involucrarse.
Aunque el discurso parece moderno por el lenguaje que utiliza, muchas de estas recomendaciones recuperan dinámicas de cortejo que parecían haber quedado atrás.
¿QUÉ ES LA FEMOSFERA?
Más que un movimiento organizado, la femosfera es un conjunto de comunidades e influencers que conversan sobre las relaciones de pareja, la sexualidad, la desigualdad y las experiencias de las mujeres. No existe una única corriente de pensamiento dentro de estos espacios. Algunas creadoras impulsan la independencia económica, el desarrollo personal, el establecimiento de límites saludables y una vida que no dependa de tener pareja. Otras, en cambio, aconsejan ocultar el interés romántico, manejar estratégicamente las emociones del otro o seleccionar a un hombre principalmente por su capacidad para proveer estabilidad económica.
Su popularidad parte de problemas reales. La violencia de género, la desigual distribución de los cuidados y las desventajas económicas dentro de muchas relaciones siguen siendo una realidad. Sin embargo, buena parte de estos discursos termina regresando a un modelo conocido: el hombre aporta los recursos y la mujer aprende a negociar con quien los controla.
EL REGRESO DE LAS VIEJAS REGLAS DEL CORTEJO
La investigadora Jilly Boyce Kay, de la Universidad de Loughborough, utiliza el término “femosfera” para describir este ecosistema de espacios digitales dirigidos a mujeres. Según su investigación, comenzó a consolidarse alrededor de 2018, después del crecimiento del movimiento #MeToo y en un contexto de creciente descontento con el feminismo liberal. Uno de los ejemplos más conocidos fue Female Dating Strategy, una comunidad creada en Reddit en 2019 que, para agosto de 2021, reunía aproximadamente 179 mil integrantes, en su mayoría mujeres heterosexuales.
El foro compartía reglas para detectar rápidamente parejas incompatibles, retrasar las relaciones sexuales, evitar dividir la cuenta en las citas e identificar a los llamados hombres de “bajo valor”. Paradójicamente, su propio manual define a la mujer de “alto valor” como alguien con carrera, proyectos, amistades y una vida independiente de los hombres. Sin embargo, al mismo tiempo promueve la idea de desconfiar por defecto de la naturaleza masculina, esperar que el hombre persiga la relación y exigir constantes demostraciones de compromiso antes de establecer un vínculo emocional.
Así, decisiones que podrían ser personales terminan convirtiéndose en reglas universales. Si él no insiste, significa que no está interesado. Si propone dividir la cuenta, se interpreta como una señal de falta de recursos o compromiso. Si ella muestra demasiado interés demasiado pronto, pierde capacidad de negociación. La relación deja de construirse de manera espontánea para convertirse en un proceso donde cada acción sirve para medir el “valor” de la otra persona.
MUJERES Y HOMBRES DE “ALTO VALOR”
La idea del “alto valor” no nació en la femosfera. Antes ya había ganado popularidad dentro de la manosfera, donde el hombre exitoso suele asociarse con dinero, estatus y acceso a múltiples parejas, mientras que el valor femenino se vincula principalmente con la belleza, la juventud y la disposición a seguir el liderazgo masculino.
La femosfera modifica parte de esa ecuación, pero mantiene la lógica de clasificación. Aquí, una mujer de alto valor es aquella que tiene metas propias, cuida su apariencia y no acepta malos tratos, mientras que el hombre ideal debe ofrecer estabilidad económica, compromiso y capacidad de proveer. En ambos casos, las relaciones terminan presentándose como un mercado donde cada persona intenta aumentar su propio valor y evitar involucrarse con alguien considerado una mala inversión.
¿SON IGUALES LA MANOSFERA Y LA FEMOSFERA?
Aunque ambos fenómenos comparten ciertos conceptos, jerarquías y una visión bastante rígida sobre las relaciones entre hombres y mujeres, eso no significa que sean equivalentes. Los dos presentan las diferencias de género como características prácticamente inmutables y proponen estrategias individuales para adaptarse al sistema, en lugar de transformarlo colectivamente.
PERO SUS CONSECUENCIAS NO SON LAS MISMAS
La manosfera reúne comunidades vinculadas con procesos de radicalización, hostigamiento y violencia dirigida contra las mujeres. Hasta el momento no existe evidencia de que la femosfera genere un fenómeno similar ni que represente una amenaza organizada comparable.
Muchas mujeres llegan a estos espacios después de atravesar situaciones de abuso, precariedad económica o relaciones conflictivas. De hecho, Female Dating Strategy también funcionó para muchas usuarias como un lugar donde compartir experiencias y recibir apoyo, aun cuando reforzaba visiones esencialistas sobre hombres y mujeres y promovía una actitud de desconfianza generalizada hacia ellos.
El giro más conservador aparece cuando una experiencia individual termina utilizándose para explicar el comportamiento de todos los hombres y cuando el autocuidado se convierte en un conjunto de técnicas de control. En el pasado, el hombre debía pagar porque era quien concentraba la mayor parte de los ingresos, mientras que la mujer protegía su reputación porque contaba con pocas alternativas económicas. La versión digital recupera esa misma distribución de roles, pero ahora la presenta como una decisión estratégica.
En ese sentido, la femosfera no busca desmontar las estructuras de desigualdad, sino aprender a moverse dentro de ellas. El hombre proveedor reaparece como una elección personal, aunque el poder que representa siga dependiendo de la misma dependencia económica que muchos de estos discursos aseguran querer evitar.


