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Roberto Salcedo y su problema con el Gagá

folklore, gagá

¿Hasta cuándo vamos a seguir escondiendo el negro detrás de la oreja?

Hace unas semanas Roberto Ángel Salcedo, ministro de cultura de la República Dominicana, dio unas declaraciones que no solo crearon un gran debate, pero también escandalizaron a toda una comunidad de nuestro país. 

Según él, el Gagá, un tipo de expresión cultural y musical no corresponde a la identidad cultural nacional y que, como consecuencia, lo excluye como prioridad de la agenda del Ministerio de Cultura. 

“Nosotros tenemos una diversidad de elementos culturales que no son originarios de la República Dominicana y por el componente de la globalización hemos recibido de otras partes. Donde entra la distorsión, en el caso del Gagá, es cuando usted quiere asociarlo directamente a valores fundamentales de la República dominicana”.

¿Cuáles son los valores dominicanos?

A partir de esa declaración nos toca preguntarnos. ¿Cuáles son esos valores dominicanos del cual él se refiere?

Porque cuando habla de valores pone de ejemplo al merengue y la bachata, pero… no hace pocos años la bachata era tildada de vulgar y pobre. Un género que la élite miraba como desdeñoso y repugnante. ¿No notamos un paralelismo?

Tal vez nos habla de la necesidad de la legitimización, aceptación y asimilación por parte de una clase popular en particular para que algo pase de ser marginalizado a valioso. 

 Cuando algo se vuelve parte de la cultura

“…eso tiene algunas raíces dominicanas y otros que le dan la tipificación haitiana. Y como eso nos genera a nosotros una amplia discusión, nosotros hemos priorizado en lo que los dominicanos si nos hemos puesto de acuerdo.”

Según esta declaración, podemos suponer que su posición de que el Gagá no cumple con los valores dominicanos nace a partir de que se relaciona a prácticas también realizadas por nuestros vecinos, los haitianos.

¿Hasta cuándo vamos a continuar con la narrativa de que, porque algo sea haitiano, o que tenga algún tipo de relación con la africanidad, deja de ser valioso? Que algo, o alguna práctica, haya nacido a partir de la migración, o la mezcla de otras culturas, hace que sea ajeno a lo nuestro.

¿No es suficiente que algo se practique desde años en nuestro país para que se convierta en parte de nuestro folklore nacional? Que una expresión cultural sea adoptada, repetida y adaptada colectivamente por un pueblo durante generaciones y que gracias a eso se convierta en parte de su identidad. 

¿Necesita entonces esa validación estatal para poder existir? ¿O son las propias comunidades que lo practican, lo transmiten y lo resignifican suficiente para que sea algo valido y aceptado?

El rol del ministerio de cultura en legitimar algo. (Comunidad + Estado)

 “…como no estamos al 100% de acuerdo con relación al gagá, no está dentro de la agenda del Ministerio de Cultura estimular eso… (…) Como nosotros no nos vamos a involucrar en eso, nada que tenga que ver con el Gagá es prioridad en el Ministerio de Cultura.”

Aja ministro… entonces de quién es responsabilidad, más que del Ministerio de Cultura, en hacer, o entender, la participación que tiene el Gagá dentro de, y valga la redundancia, la cultura dominicana.

Algo no debe de ser legitimado para ser folklore, pero el Estado puede (y debería) intervenir. Principalmente porque esta crítica viene muy visiblemente del racismo, que es algo estructural y que tiene relevancia social dentro de nuestra identidad dominicana.

La censura de la negritud dominicana 

La presencia de prejuicios raciales y culturales entre quienes ocupan posiciones de poder, tanto a nivel local como nacional, condiciona la manera en que se entienden, reconocen y valoran las expresiones culturales vinculadas al legado afrodescendiente, que tiene un peso significativo en la región.

Podemos llegar hasta a pensar que esos valores que el ministro mencionaba anteriormente son valores exclusivos de la población blanca y privilegiada. Que obviamente no sale afectada, a comparación de las comunidades más marginales, de su declaración.

¿Porque algo no puede tener 2 culturas?

También aquí nace la pregunta de: ¿Por qué algo no puede ser parte de dos culturas a la vez? No es incorrecto asumir que el gagá es una manifestación dominico-haitiana. 

Vivimos en un mundo donde todo es un “arroz con mango”. Todo elemento cultural que proviene de otro grupo, al convivir dentro de una sociedad, puede integrarse a su identidad cuando es adoptado y transformado con rasgos propios. Es decir, una tradición externa deja de ser ajena en la medida en que se resignifica desde los códigos locales y se incorpora al repertorio cultural del colectivo.

Y podemos estar seguros de que lo que anteriormente era el “ra-ra” haitiano se ha convertido y aplatanado a lo que hoy es el Gagá que se practica en las comunidades de nuestro país. 

El gagá y sus raíces 

El gagá, conocido anteriormente como “ra-ra”, surge a partir de la migración haitiana de los siglos XIX y XX hacia las zonas cañeras, donde miles de trabajadores se asentaron en los bateyes vinculados a la industria azucarera. 

En esos espacios, marcados por la explotación laboral, la exclusión social y el racismo estructural, el gagá se desarrolló no como un simple entretenimiento, sino como una práctica de resistencia y cohesión comunitaria. Constituye un sistema socio-religioso complejo que articula creencias, organización social y memoria colectiva, reflejando la vida y espiritualidad de comunidades afrodescendientes que han sostenido esta tradición a lo largo del tiempo.

Lejos de ser una manifestación homogénea, el gagá es una expresión profundamente sincrética que combina elementos del cristianismo con prácticas del vudú y otras espiritualidades afrocaribeñas. Se celebra durante la Semana Santa, desde el Miércoles de Ceniza hasta el lunes de Pascua, en una especie de calendario ritual que mezcla devoción, celebración y conexión con los ciclos naturales, como la fertilidad y la renovación.

Aunque comparte raíces con el gagá haitiano, en territorio dominicano ha adquirido características propias en lo musical, lo ritual y lo organizativo, convirtiéndose en una reinterpretación local que evidencia cómo las tradiciones migrantes se transforman y se arraigan, dando lugar a nuevas formas de identidad cultural.

El rol de la policía

Todo el discurso del Gagá se intensifica a partir del cambio los horarios que hace el Ministerio de Interior y Policía para las festividades de la Semana Santa 2026. Limitando las actividades exclusivamente al horario diurno, afectando directamente las celebraciones. 

Se llegó hasta hablar de un tipo de censura encubierta que mutilaba estas tradiciones limitando los derechos culturales de las comunidades practicantes. 

Estamos hablando de que el Estado dominicano está en su derecho de ordenar y regular el uso del espacio público, pero esa función no debería derivar en mecanismos que excluyan expresiones culturales. Garantizar la seguridad y el orden no puede servir como justificación para limitar derechos fundamentales, especialmente cuando se trata de prácticas que han demostrado históricamente su capacidad de organización y convivencia dentro de la sociedad.

Conclusión

Hoy, aun cuando muchos ingenios han desaparecido, el gagá sigue vivo. Su permanencia no es casual: se sostiene en nuevas generaciones que lo heredan, lo reinterpretan y lo mantienen activo en distintas comunidades. En ese proceso, también ha funcionado como un puente cultural entre Haití y la República Dominicana, incluso en medio de una relación históricamente marcada por tensiones.

Rechazar el gagá por su origen haitiano implicaría aplicar esa misma lógica a muchos otros elementos que forman parte de la vida cotidiana dominicana: habría entonces que cuestionar el quipe, el plátano, pero también ritmos como la bachata o el propio merengue, profundamente marcados por influencias africanas y europeas. Incluso prácticas religiosas sincréticas que combinan distintas tradiciones.

La cultura no es estática ni pura; se construye a partir de intercambios, adaptaciones y apropiaciones que la enriquecen y le dan continuidad en el tiempo. Ninguna expresión cultural tiene un único dueño: al ser vivida, transformada y compartida, pasa a integrarse en una identidad colectiva más amplia.

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Matilda Voigt

En La Radio
May 5, 2026
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