Todo e político señore y ma’ cuando hay cualto
Se nos ha vendido la idea que la Fifa es el momento en que el planeta se reúne para celebrar, donde las diferencias quedan a un lado por amor a algo más grande: el fútbol. Un evento que trasciende la política, un espacio donde todos son iguales, donde el deporte une lo que las crisis y las guerras rompen
Pero la realidad es distinta. La Copa del Mundo nunca ha sido neutral. Desde sus inicios, ha sido también un espacio donde se reflejan las relaciones de poder entre los Estados, las desigualdades económicas y los intereses políticos. El mundial es geopolítico, poder y deporte.
Como los países tienen ventajas
Lo primero que hay que admitir es que no todos los países tienen las mismas oportunidades de ganar una Copa del Mundo. Cuanto mayor es la inversión en infraestructura, formación y preparación, mayores son las posibilidades de desarrollar jugadores y construir selecciones competitivas.
Muchas de las grandes potencias futbolísticas, especialmente en Occidente, cuentan con algunos de los sistemas mejor financiados del mundo. Sus selecciones tienen acceso a centros de entrenamiento de primer nivel, equipos médicos, nutricionistas, psicólogos, chefs privados y entrenadores de élite. A sus jugadores se les paga para dedicarse exclusivamente a entrenar y competir.
Y estos grandes equipos se ven compitiendo contra selecciones del sur global, que llegan con una realidad completamente distinta. El portero de Cabo Verde, por ejemplo, trabajaba como electricista. El arquero Orlando Gill, paraguayo, contó que tuvo que vender una camiseta de la Sub-20 para costear el tratamiento médico de su hijo recién nacido. Ellos no solo juegan al fútbol… también sobreviven.
Como no todas las reglas aplican para todo el mundo
Tampoco todas las reglas parecen aplicarse de la misma manera. Dentro de la cancha existen debates sobre el trato preferencial hacia selecciones como Argentina y figuras como Lionel Messi. O cuando la FIFA anuló la suspensión del estadounidense Folarin Balogun tras una llamada del presidente Donald Trump a Gianni Infantino, la primera vez desde 1962 que se revocaba una tarjeta roja. A esto se suma la exclusión de Rusia por la guerra en Ucrania, mientras Israel continúa compitiendo, mientras ocurre el genocidio en Gaza.
Las diferencias también se reflejan fuera de la cancha. Noruega pudo viajar con toneladas de alimentos propios y un chef privado, mientras que la delegación de Irán enfrentó restricciones para ingresar parte de su equipo. Cuando algunos países cuentan con mayores facilidades e influencia que otros, es difícil sostener que todos compiten bajo las mismas condiciones.
Este año el contexto es aún más complejo.
Estados Unidos es el país anfitrión en un momento marcado por conflictos internacionales y restricciones migratorias, siendo la primera vez que un Mundial se celebra mientras el anfitrión está activamente en guerra con otra selección participante, Irán.
Además, decenas de nacionalidades enfrentan restricciones para viajar al país, lo que ha generado obstáculos para delegaciones, árbitros y periodistas. Especialmente para países del sur global y musulmanes. El periodista Ivan Hussein fue retenido durante siete horas en el aeropuerto de Chicago y el fotógrafo de su equipo fue devuelto. Al árbitro somalí Omar Abdulqader Artan, considerado el mejor árbitro africano de 2025, se le negó la entrada al país. Jugadores de Senegal enfrentaron extensos controles migratorios y la delegación de Uzbekistán fue sometida a inspecciones con perros antidrogas. La selección de Irán, por su parte, ni siquiera puede establecerse en territorio estadounidense: debe concentrarse en México y viajar en avión para cada partido.
Narrativa mediática
Mientras las selecciones de Medio Oriente y África suelen ser interrogadas sobre las acciones de sus gobiernos, los equipos europeos rara vez reciben ese mismo tipo de preguntas. El fútbol deja de analizarse solo desde lo deportivo dependiendo de quién esté frente al micrófono.
No solo eso, a esto se suma que inicialmente las conferencias de prensa se realizaban sin intérpretes en español, una decisión que muchos interpretan como coherente con el clima político y el discurso antiinmigración impulsado por la administración Trump.
Conclusión
Y esto es solo el comienzo. A lo largo de su historia, la FIFA también ha sido utilizada para gestionar, ocultar o suavizar tensiones geopolíticas, mientras presenta muchas de sus decisiones como si fueran únicamente deportivas.
No hay que olvidar que la FIFA tiene 211 federaciones miembro, más que los 193 Estados miembros de la ONU. Es una organización con una enorme capacidad de influencia: decide qué países reciben la atención del mundo, dónde se juega el torneo, quién puede organizarlo y qué economías se benefician de él. Al final, el Mundial no es solo fútbol: también es una de las mayores estructuras de poder del planeta, aunque muchas veces se disfrace de deporte.



