Bailar música electrónica podría hacer mucho más que ponernos de buen humor. Una nueva investigación encontró que una experiencia diseñada alrededor de la música y el movimiento puede modificar de manera medible la respuesta fisiológica del cuerpo, ayudando a regular el estrés, calmar el sistema nervioso y acelerar la recuperación después de una actividad intensa.
El estudio fue diseñado por Emma Marshall, fundadora de MIM (Music and Movement is Medicine), con el respaldo de AlphaTheta, y buscó medir qué sucede físicamente cuando una persona atraviesa una experiencia de baile estructurada.
EL CONTEXTO DE LA INVESTIGACIÓN
La investigación se realizó en Drumsheds, conocido club de Londres, con la colaboración de AlphaTheta. El trabajo fue dirigido de manera independiente por el profesor Paul Dolan, del departamento de Ciencias del Comportamiento de la London School of Economics (LSE).
Durante dos sesiones de una hora, grupos de aproximadamente 60 personas fueron llevados progresivamente por distintas etapas de movimiento. La experiencia comenzó con escucha tranquila y ejercicios de respiración, siguió con pequeños movimientos mientras permanecían sentados y después pasó a estar de pie y marchar, hasta terminar con una sesión de baile libre.
Mientras todo esto ocurría, dispositivos de monitorización registraron más de 600.000 latidos cardíacos. El objetivo era observar, con datos biométricos, cómo respondía el organismo a las distintas etapas de la experiencia.
¿QUÉ PASÓ CON EL CUERPO?
Durante la respiración guiada y los movimientos realizados estando sentados, la Variabilidad de la Frecuencia Cardíaca (VFC) aumentó un 18,5 %. El cambio fue estadísticamente significativo (p = 0,01) y fue interpretado como una señal de que el sistema nervioso se desplazaba hacia un estado de mayor calma y capacidad de recuperación.
Después llegó la parte más intensa. Durante el baile libre, los participantes llegaron al 75 % de su reserva de frecuencia cardíaca individual, un nivel que corresponde al rango del ejercicio vigoroso.
Pero uno de los datos más llamativos apareció cuando terminó la sesión: la VFC volvió a subir entre cuatro y diez veces respecto a su valor, mostrando que el organismo podía recuperarse rápidamente después de ese momento de mayor activación.
A partir de estos resultados, los investigadores identificaron tres puntos principales: el movimiento guiado puede funcionar como una intervención parasimpática que ayuda a revertir la respuesta de estrés; los cambios observados en la frecuencia cardíaca estuvieron relacionados con el ejercicio y no con la ansiedad; y lo que las personas dijeron sentir coincidió con las señales fisiológicas registradas durante las sesiones.
EL DJ TAMBIÉN FORMA PARTE DEL EXPERIMENTO
El estudio encontró además que el DJ no es simplemente la persona que pone la música mientras el público baila. La manera en que construye la sesión puede tener un efecto directo sobre las respuestas físicas de quienes están en la pista.
Durante los momentos de mayor calma, el tempo de la música, medido en BPM, fue el factor que más se relacionó con la frecuencia cardíaca, con una correlación de r=0,85. Conforme la sesión avanzaba, el volumen adquirió mayor importancia.
También apareció un fenómeno que los investigadores describieron como «mantener el impulso». Cuando el DJ bajaba el tempo durante las transiciones, las pulsaciones de los asistentes permanecían elevadas. Esto apunta a que el público podía mantenerse en un estado de inmersión continua, en lugar de reaccionar de manera aislada a cada cambio musical.



