Hay creencias que quizás hoy nos parecen estúpidas , pero que durante nuestra infancia eran leyes. Siempre una abuela, una tía o una vecina nos decía “¡no hagas eso!” uno obedeciera sin hacer preguntas. No sabíamos de dónde venía la superstición, ni si tenía algún sentido, pero por si acaso, mejor no tentar la suerte.
Porque estas supersticiones también forman parte de la memoria de una generación. Eran frases que escuchábamos en la casa, en el barrio o de camino a la escuela, transmitidas de padres a hijos como una especie de manual para sobrevivir a la mala suerte. Y aunque hoy nos den risa, hay cosas que seguimos sin hacer solo “por si acaso”.
ALGUNAS CREENCIAS, TABÚES Y SUPERSTICIONES
- Si una mariposa negra u oscura entra a la casa, puede interpretarse como una desgracia en la familia.
- Abrir un paraguas dentro de la casa trae desgracia.
- Si un perro aúlla mucho, algún enfermo morirá.
- Soñar con excremento significa que se recibirá dinero.
- Pedir sal prestada a un vecino por la mañana da mala suerte al que la pide.
- Barrer la casa de noche atrae la desgracia.
- Cuando un perro ladra a altas horas de la noche sin razón aparente, no se le debe hacer callar; está viendo fantasmas.
- Si se siente picor en la palma de la mano derecha, se recibirá dinero.
- No dejar las tijeras abiertas porque puede traer problemas o peleas.
- Poner un vaso de agua debajo de la cama para “absorber” malas energías.
- El mal de ojo: que una mirada, especialmente de alguien con “mucha fuerza”, puede afectar a un bebé.
- Ponerle una cinta roja al bebé para protegerlo del mal de ojo.
- Si te zumba el oído, alguien está hablando de ti.
- Si un gato negro se cruza, mala suerte.
- No acostarse inmediatamente después de comer porque “se te puede subir la comida”.
- No dejar un bolso o cartera en el suelo porque atrae la pobreza.
- Cuando una visita ha permanecido demasiado tiempo, se le puede obligar a partir colocando una escoba invertida detrás de una puerta.
Al final, quizás no importa tanto si estas supersticiones son ciertas o no. Lo curioso es que muchas siguen viviendo en nosotros, incluso después de crecer y saber que no tienen ninguna explicación lógica. Porque hay cosas que aprendimos de niños que se quedan ahí, en algún rincón de la cabeza: no abrimos el paraguas dentro de la casa, no dejamos la cartera en el piso y, por si acaso, si el perro empieza a aullar a medianoche… mejor no preguntamos por qué.



